Casi tres meses, el 8 de septiembre del 2022, falleció en el palacio de Buckingham la reina Isabel II a sus 96 años, según la información preliminar a causa de la “vejez”.
Poco después se publicó el informe de la defunción, en el que se incluía la causa del deceso: su avanzada edad. Sin embargo, ahora un íntimo amigo del duque de Edimburgo, Gyles Brandreth, biógrafo oficial de la Familia Real, sugiere en su nuevo libro, “Elizabeth: An Intimate Portrait” (Elizabeth: Retrato íntimo), que la monarca podría haber muerto a consecuencia de un cáncer de huesos que padecía de varios años atrás.
“Había oído que la Reina tenía una forma de mieloma, cáncer de médula ósea, lo que explicaría su cansancio y pérdida de peso y esos problemas de movilidad de los que a menudo nos hablaron durante el último año de su vida”, Contó Brabreth a un periódico inglés.
También mencionó que uno de los síntomas más comunes que sufrió, fue un fuerte dolor óseo en la pelvis y la parte baja de la espalda. Pero consciente de que su tiempo era “limitado”, la soberana repasó su vida en sus últimos días junto a sus más allegados, a quienes confesó que no se arrepentía de nada.
Sin embargo, sí le pesaban algunas decisiones difíciles que, como monarca, se había visto obligada a tomar, como despojar a su hijo, el príncipe Andrés, de sus títulos a consecuencia de la polémica suscitada tras ser demandado por supuestos abusos sexuales.


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